Puntos clave
  • La vitamina D regula el calcio y el fósforo, fundamentales para el desarrollo óseo.
  • Los lactantes amamantados necesitan suplementación desde el primer día.
  • El sol es la fuente principal; la dieta por sí sola rara vez cubre las necesidades.
  • El raquitismo nutricional es la consecuencia más grave del déficit prolongado.
  • Un análisis de sangre es el único modo fiable de diagnosticar el déficit.

Qué es la vitamina D y por qué es diferente a otras vitaminas

Técnicamente, la vitamina D es una vitamina liposoluble. Pero desde el punto de vista funcional, se comporta como una hormona: se sintetiza en la piel bajo la acción de la radiación ultravioleta, viaja por la sangre, se activa en el hígado y los riñones, y después actúa sobre receptores en prácticamente todos los tejidos del cuerpo.

Existen dos formas principales: la vitamina D2 (ergocalciferol), que procede de fuentes vegetales y hongos, y la vitamina D3 (colecalciferol), que produce la piel al exponerse al sol y también está presente en alimentos de origen animal. La D3 es más eficaz para elevar los niveles en sangre, y es la forma que se usa en la mayoría de suplementos pediátricos actuales.

Una vez en el cuerpo, ambas se convierten en calcitriol, la forma activa que actúa directamente sobre los órganos. Sin esta activación hepática y renal, la vitamina D no puede cumplir ninguna de sus funciones. Por eso los niños con enfermedad hepática o renal crónica tienen un riesgo especialmente alto de sufrir déficit funcional aunque consuman suficiente vitamina D.

Por qué es crucial durante la infancia

En los niños, el esqueleto está en construcción permanente. Los huesos crecen, se remodelan y se mineralizan de forma continua hasta que el individuo alcanza su pico de masa ósea, que ocurre entre los 20 y los 30 años. La vitamina D es el director de obra de ese proceso.

Su función más conocida es facilitar la absorción de calcio en el intestino. Sin vitamina D suficiente, aunque el niño tome mucho calcio, gran parte de él se pierde por las heces sin llegar a incorporarse al hueso. El resultado, a largo plazo, es un esqueleto menos denso y más frágil.

Pero el papel de la vitamina D va mucho más allá de los huesos:

  • Sistema inmunitario: activa los macrófagos y regula la respuesta inflamatoria. Los niños con déficit tienen mayor susceptibilidad a infecciones respiratorias y otitis de repetición.
  • Función muscular: interviene en la contracción muscular y en la coordinación neuromuscular. Un niño con niveles muy bajos puede tener debilidad muscular notable.
  • Desarrollo cerebral: hay receptores de vitamina D en el cerebro fetal y en el neonatal, lo que sugiere un papel en el neurodesarrollo, aunque la investigación en este campo aún está consolidándose.
  • Regulación del fósforo: junto con el calcio, el fósforo es el mineral más abundante en el hueso. La vitamina D también regula su absorción y su excreción renal.

Puedes ampliar cómo otros micronutrientes afectan al desarrollo infantil en nuestra guía sobre vitaminas para niños, que explica cuáles son realmente esenciales y en qué etapas se recomienda suplementar.

Fuentes naturales: sol y alimentos

El sol: la fuente más eficiente

Cuando la piel se expone a la radiación UVB, el 7-dehidrocolesterol presente en la epidermis se convierte en previtamina D3, que a su vez se transforma en vitamina D3 por el calor corporal. Este proceso no ocurre igual en todas las circunstancias.

Factores que reducen la síntesis cutánea:

  • Latitud: cuanto más al norte, menos radiación UVB llega al suelo, especialmente en invierno. En ciudades como Madrid o Barcelona, de octubre a marzo la síntesis es prácticamente nula.
  • Hora del día: solo entre las 10 h y las 15 h la radiación UVB es suficiente para activar la síntesis. Fuera de esas horas, la exposición solar no produce vitamina D.
  • Melanina: los niños con piel oscura necesitan entre tres y cinco veces más tiempo de exposición para sintetizar la misma cantidad que un niño de piel clara.
  • Protector solar: con FPS 15 aplicado correctamente, la síntesis se reduce entre un 92 % y un 99 %.
  • Cristal: la luz solar filtrada por ventanas no produce vitamina D, porque el cristal absorbe la radiación UVB.

Una exposición de 10 a 20 minutos en brazos y piernas, fuera de las horas de máxima radiación UV (antes de las 11 h o después de las 17 h en verano), puede ser suficiente para un niño de piel clara en latitudes mediterráneas. Después de ese tiempo, la protección solar es imprescindible para evitar daño en la piel.

Alimentos ricos en vitamina D

La dieta aporta una fracción mucho menor que el sol. Aun así, conocer las fuentes alimentarias ayuda a reducir el déficit en épocas de poca exposición solar.

Alimento Vitamina D aproximada
Aceite de hígado de bacalao (1 cucharada)1.360 UI
Salmón salvaje (85 g cocinado)570–700 UI
Caballa (85 g cocinado)250–360 UI
Atún en conserva (85 g)150–230 UI
Sardinas en aceite (2 unidades)46 UI
Huevo entero (1 unidad)40–50 UI
Leche enriquecida (200 ml)80–120 UI
Bebida vegetal enriquecida (200 ml)60–100 UI
Hongos shiitake expuestos al sol (85 g)100–450 UI

Como se aprecia, para alcanzar los 600 UI diarios recomendados para un niño de 1 a 12 años solo con alimentos se necesitaría una cantidad de pescado azul que la mayoría no come a diario. La dieta puede ayudar, pero rara vez es suficiente por sí sola sin exposición solar adecuada. Una alimentación variada sigue siendo la base: te lo explicamos en detalle en nuestra guía de alimentación saludable para niños.

Síntomas del déficit de vitamina D en niños

El déficit leve y moderado suele ser silencioso durante meses. El cuerpo compensa con mecanismos hormonales hasta que las reservas se agotan. Cuando los síntomas aparecen, el déficit suele ser ya moderado o grave.

Síntomas más frecuentes

  • Fatiga y cansancio inexplicable: el niño se muestra apático, con poca energía para jugar, o duerme más de lo habitual sin causa aparente.
  • Dolor óseo y articular: molestias difusas en piernas, espalda baja o extremidades, que empeoran al palpar el hueso. En niños mayores puede confundirse con dolores de crecimiento.
  • Debilidad muscular: dificultad para subir escaleras, cansarse rápido al caminar o tendencia a caerse más de lo esperado para su edad.
  • Infecciones frecuentes: otitis recurrentes, catarros que se alargan, bronquitis de repetición. El sistema inmunitario sin vitamina D funciona de forma menos eficiente.
  • Irritabilidad y cambios de humor: menos documentados que los anteriores, pero observados clínicamente, especialmente en lactantes con déficit marcado.
  • Retraso en el cierre de la fontanela: en bebés, la fontanela anterior puede permanecer abierta más tiempo del habitual si el metabolismo del calcio está comprometido.
  • Sudoración excesiva en la cabeza: un signo clásico en lactantes con déficit, especialmente durante la toma de pecho o el biberón.
Atención: estos síntomas no son específicos de la vitamina D. Fatiga, dolores óseos e infecciones frecuentes pueden tener muchas causas, incluyendo la anemia en niños o el déficit de hierro. Solo un análisis de sangre puede determinar si el origen es la vitamina D.

Grupos de riesgo

No todos los niños tienen el mismo riesgo. Hay situaciones que elevan significativamente la probabilidad de déficit:

  • Lactantes amamantados exclusivamente: la leche materna contiene muy poca vitamina D. Sin suplementación, el lactante depende casi por completo de sus reservas al nacer, que pueden agotarse en semanas.
  • Niños con piel oscura: la mayor cantidad de melanina reduce la síntesis cutánea de vitamina D. En países de alta latitud, el riesgo es especialmente alto.
  • Poca exposición solar: niños que permanecen mucho tiempo en interiores, que viven en climas nublados o cuyas familias evitan la exposición solar por razones culturales o de protección.
  • Obesidad infantil: la vitamina D es liposoluble y queda "secuestrada" en el tejido adiposo, con lo que los niveles circulantes son más bajos aunque la ingesta sea correcta.
  • Enfermedades malabsortivas: celiaquía, enfermedad de Crohn, fibrosis quística y otras patologías que afectan a la absorción intestinal de grasas también afectan a la absorción de vitamina D.
  • Uso de ciertos medicamentos: los antiepilépticos (fenitoína, fenobarbital) aceleran el metabolismo hepático de la vitamina D y reducen los niveles.
  • Recién nacidos prematuros: no han tenido tiempo de acumular reservas de vitamina D durante el tercer trimestre, que es cuando la transferencia placentaria es más activa.
  • Madres con déficit durante el embarazo: la vitamina D materna se transfiere al feto. Si la madre tenía niveles bajos, el recién nacido también los tendrá.

Cuándo y cómo suplementar: dosis pediátricas

La decisión de suplementar debe tomarla el pediatra, pero conviene conocer las recomendaciones generales de las principales sociedades científicas.

Lactantes (0-12 meses)

La Academia Americana de Pediatría (AAP) y la Asociación Española de Pediatría (AEP) recomiendan 400 UI (10 mcg) diarias de vitamina D3 desde los primeros días de vida en todos los lactantes amamantados. Los lactantes con fórmula adaptada suelen recibir suficiente a través de la leche enriquecida si toman más de 1 litro diario; por debajo de ese volumen, se recomienda suplementar igualmente.

Niños de 1 a 12 años

La ingesta diaria recomendada es de 600 UI (15 mcg). La suplementación no es automática en este grupo: si el niño tiene una dieta razonablemente variada y exposición solar adecuada, puede que no la necesite. Sin embargo, en latitudes altas durante el invierno, en niños con piel oscura o en comedores selectivos, el pediatra puede recomendarla.

Adolescentes

Las necesidades se mantienen en 600 UI, aunque algunos estudios recomiendan hasta 800 UI en adolescentes con poca exposición solar. Es una etapa crítica porque el 40 % del pico de masa ósea se acumula durante la pubertad.

Formas de presentación

  • Gotas: la forma más habitual en lactantes y niños pequeños. Permiten ajustar la dosis con precisión.
  • Comprimidos masticables o gummies: a partir de los 3-4 años, cuando el niño puede masticar sin riesgo de atragantamiento.
  • Cápsulas: para niños mayores y adolescentes que prefieren tragarse la dosis rápidamente.
  • Solución oleosa: algunas formulaciones utilizan aceite como vehículo, lo que mejora la absorción al ser liposoluble.

Si tienes dudas sobre qué suplementos puede necesitar tu hijo según su edad, nuestra guía sobre vitaminas para niños explica los criterios para elegir bien y evitar los errores más comunes.

Importante: no superes la dosis máxima tolerable sin indicación médica. En niños de 1 a 3 años es 2.500 UI/día; de 4 a 8 años, 3.000 UI/día; de 9 a 18 años, 4.000 UI/día. La vitamina D en exceso es tóxica porque se acumula en el tejido graso.

Raquitismo por déficit de vitamina D

El raquitismo nutricional es la consecuencia más grave de un déficit prolongado y profundo de vitamina D durante la infancia. Fue muy frecuente en el siglo XIX y principios del XX en las ciudades industriales europeas, donde los niños pasaban poco tiempo al sol y su dieta era pobre en grasas.

Hoy, en países con alto índice de desarrollo y programas de suplementación, el raquitismo clásico es poco frecuente, pero no ha desaparecido. Se siguen describiendo casos, especialmente en lactantes con déficit severo no detectado y en familias con escasa exposición solar.

Cómo se manifiesta el raquitismo

El raquitismo afecta al hueso en crecimiento. Las manifestaciones más características son:

  • Deformidades óseas: piernas arqueadas (genu varum) o en "X" (genu valgum) cuando el niño empieza a caminar y soportar peso. También puede afectar a los huesos del antebrazo y la muñeca.
  • Rosario raquítico: engrosamiento visible y palpable de las uniones entre los cartílagos costales y las costillas, que da un aspecto abultado al tórax.
  • Craneotabes: reblandecimiento del cráneo, perceptible al presionar suavemente el occipucio en lactantes.
  • Talla baja: el crecimiento en longitud se ve comprometido cuando los huesos no se mineralizan correctamente.
  • Retraso en la dentición: los dientes pueden tardar más en aparecer y su esmalte puede ser más frágil.
  • Hipotonía muscular: el abdomen aparece protuberante por la debilidad de la musculatura abdominal.

El diagnóstico se confirma con radiografías que muestran las metáfisis ensanchadas e irregulares, y con análisis de sangre que revelan niveles bajos de calcio, fósforo y vitamina D junto con niveles elevados de hormona paratiroidea (PTH) y fosfatasa alcalina.

El tratamiento es la suplementación con dosis altas de vitamina D bajo supervisión pediátrica, seguida de dosis de mantenimiento. Las deformidades leves pueden corregirse espontáneamente con el crecimiento. Las graves pueden requerir intervención ortopédica.

Cuándo consultar al pediatra

La mayoría de los casos de déficit de vitamina D no se detectan a tiempo porque los síntomas iniciales son inespecíficos. Estas son las situaciones en las que conviene hablar con el pediatra y solicitar una analítica:

  • El niño pertenece a algún grupo de riesgo (lactante amamantado, piel oscura, poca exposición solar, enfermedad crónica).
  • Presenta cansancio, dolores óseos o musculares persistentes sin causa clara.
  • Sufre infecciones respiratorias o de oído de repetición.
  • En bebés: fontanela tardía en cerrarse, sudoración excesiva en la cabeza o irritabilidad sin motivo aparente.
  • La familia lleva un estilo de vida con muy poca exposición solar (trabajo de interior, uso habitual de ropa que cubre todo el cuerpo).
  • El niño tiene una dieta muy restrictiva, sea por alergia, intolerancia o por elección.

El análisis mide la 25-hidroxivitamina D en sangre. Los valores de referencia más usados son: insuficiencia por debajo de 20 ng/ml (50 nmol/L), insuficiencia entre 20-30 ng/ml y niveles óptimos entre 30-50 ng/ml. Algunos expertos elevan ese umbral óptimo a 40-60 ng/ml, aunque hay debate científico al respecto.

Un análisis completo puede también descartar otras causas de los síntomas, como la anemia en niños o el déficit de hierro en niños, que comparten muchos síntomas con el déficit de vitamina D.

Otra estrategia complementaria que mejora el estado general del niño y puede facilitar la absorción de micronutrientes es cuidar su salud digestiva. Si el pediatra detecta parásitos intestinales, la suplementación con omega-3 para niños también puede ayudar a modular la inflamación y apoyar la función inmunitaria durante la recuperación.

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